Camino al acecho, por las montañas rocosas, el hambre me está matando, estoy tentado a devorarme un pedazo de carne de mi propio cuerpo. De pronto una visión mágica me llena de algarabía: 4 hermosas chicas desnudas se bañan alegremente en la orilla del rio.Me acerco, ellas gritan, agarro veloz sus ropas, se alejan de la orilla, sonrió, una de ellas se pone a llorar y a suplicar que no las haga daño, y le respondo que hace tiempo que no hallo mujer y que si una se sacrifica viniendo conmigo un rato, las dejare ir a todas. Las 4 ninfas del rio cuchichean.
Mi estomago me suena, no he comido 5 días, tomo agua del rio, las miro y grito enfadado quien será la que se sacrificara por todas; estando conmigo un ratito. La que hace un rato ha llorado se acerca a mí, la veo en toda su dimensión, se me torna imponente.
La agarro fuerte del brazo, la llevo atrás de unos arbustos, pienso devorármela. No he comido en 5 días. Dios sabrá perdonarme. No sé por dónde comenzar. Ella solo me mira anonadada. Me pregunto por qué me mirara de manera tan calmada, no que era una llorona, no que debería estar asustada, no que debería estar temblando como gelatina.
De manera súbita veo a las demás chicas, todas están desnudas y corriendo despavoridas. Cómo te llamas le pregunto a la mujer valiente que tengo frente a mi _ Zulema_ me responde tímida. Sabes que te voy a comer no, le pregunto, ella sonríe, no me cree, “la pobre no sabe que soy caníbal”, pienso.
Saco de mi bolso trocitos de madera, las junto, hecho un poco de Kerosene y lo enciendo con la frotación de dos tablas. Zulema cree que está haciendo una fogata para tornar romántico el momento pero en realidad lo hace porque después de tenerla muerta, desea chamuscarla por partes. De pronto la mujer lo abraza, el huele su hombro a jabón, el mismo olor del que olía su madre cuando lo bañaba. No osa morderla.
Al caníbal que nada le había causado piedad, se comienza apiadar de ella, porque en ella ve a su madre que su padre un día la devoro entre dientes. Zulema le acaricia el cabello por que siente al hombre llorar y ella es muy sensible y le provoca mucha pena. Llega la noche, el hombre ordena que se vaya, ella no quiere, el insiste, ella desea quedarse, hasta que de pronto ve que el tipo pone su mano en el fuego y una vez quemada su propia carne, comienza a devorarse. Zulema huye a gritos desesperados.






